Reseña de Juan Nicho de “Turbolover de Neobarna”

Reseña de la novela “Turbolover de Neobarna” por Juan Camós, alias Juan Nicho, en Facebook, donde suele postear interesantes reflexiones y reseñas sobre libros:

(Editor de las revistas: Vacío y Suicidio Autónomo, realizador de los programas “El hombre del armario” y “A este lado de la tumba” en las radios libres PICA y Contrabanda, miembro del Colectivo Funertario Antígona)

Oigo Neobarna y de un modo inmediato pienso: Necrobarna. Quizá ese sea el equivalente que el imaginario de Sandra tendría en mí: una fantasía poética de moribundos y espectros dotados de inteligencia funeral; un ensueño mortecino en el que las almas entran y salen de sus cuerpos para chapotear en un desconcierto apocalíptico. Todo muy lento y ceremonioso, con no pocas caídas en la fiebre y en la bruma de los camposantos. Bien diferente al espíritu vertiginoso y pulcro que domina esta obra que ahora os recomiendo y que parte de un cierto vértigo bailable entre las ruinas.
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Conozco a Sandroide de hace muchos años. Sé cómo piensa, lo que me deja entender que esta novela que ahora presenta la lleva pensando desde hace mucho tiempo. Diré más: todos aquellos poemas veloces que escribía en papeles espontáneos que acababan diseminados por todos los rincones ya eran una especie de anotaciones continuas de lo que siempre le ha gustado modelar: el futuro.
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En cada poema y en cada dibujo que hacía se asomaba ya la trama con la que ahora sitúa en nuestras coordenadas urbanas el gran drama que siempre le ha preocupado: el lastre que lo rancio y opresivo opone siempre a que lo nuevo florezca. Toda esa rabia que siempre le ha arrancado lágrimas de amargura hoy logra articularse en una dinámica narrativa que promete expandirse en nuestro mundo con soltura. Si las formas de desangrar lo vivo se encarnizan, la imaginación organiza sus filas y también presenta batalla.
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Es el modo en el que Sandra operará con sus múltiples personajes: atentos a su parcela de realidad en donde se atraen, chocan y alejan entre sí como partículas, pero siempre conscientes de hallarse en un teatro de operaciones de algo más grande que los contiene y los somete a una presión inquietante. Así van surgiendo los diferentes mordiscos a las formas novedosas de relacionarse y trastornar el paisaje monocromo de la distopía.
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Porque podría ser una distopía el universo que Sandra edifica, pero lo es en cuanto hay un gran ente que asfixia la creatividad, y ya no lo hace con los buenos modos del circo democrático, sino con una sorda violencia uniformadora que prefigura la última dictadura del algoritmo de una élite. Por ello, lo que tratan las protagonistas -que tanto tienen de ella misma- es ampliar las costuras de la realidad y para ello ejecutar todos los conjuros operativos que la magia tecnológica y digital ofrece.
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Es seguro que esta historia, tan cinética y veloz como un guion cinematográfico de urgencia, es sólo la punta del iceberg de todas las variaciones temáticas que vendrán en adelante y que ya anunciaban los pequeños libritos previos sobre Neobarna y sus habitantes. Se trata de seguir el hilo, saltando de una historia a otra. Como hace la ciencia-ficción, esta muestra de los mundos múltiples de Sandroide puede ayudarnos a pensar acerca de los límites de las vidas en las que creemos estar férreamente programados, quizá hasta troquelados.
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Y hay que pensar que Sandra ha llegado hasta este punto tras una trayectoria de autogestión, incansable energía y honestidad integral, a través de su música, sus programas en las radios libres, su creación de ropa futurista, sus escritos, sus vínculos con lo mágico y, en fin, el conocimiento autodidacta al servicio de la transformación colectiva de la mente. Todo esto -así su mismo sostenimiento de lo cyberpunk en Barcelona- nos hace confiar en que la ciencia-ficción en sus manos no correrá el destino de tantas otras cosas en el mundo que pudieron brillar y fueron opacadas por la asimilación, el confort, la neutralización y los distintos mecanismos de la domesticación.
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Cuando allá por los años noventa -esa década de constantes incisiones caóticas en la urbe que parece haberse borrado por completo de la memoria colectiva-, cuando hablaba con Sandra en plena recta final del siglo XX, me daba cuenta de que mientras yo me sentía en un siglo XIX interior y me hundía en Dostoievski, ella pensaba constantemente en el siglo XXI y se elevaba hacia Úrsula K. Le Guin.
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Todo es doble y en esta novela misma hay muchos personajes que se desdoblan, se multiplican y expanden. Hay gemelos, hay nombres cercanos entre sí, hay una géminis al mando.
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Sandroide tenía que empezar a escribir esta saga porque alguien tendrá que sugerirnos un día cómo se pone en marcha de nuevo el mundo cuando nuestra monstruosa locura lo haya destruido. Alguien tendrá que conocer el código, abrir las rutas, ayudarnos a recordar que nada tendrá sentido si no se trasciende la muerte, se hackea el sistema y se encuentra tras todo ello el propio y ajeno resplandor.
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